miércoles, 18 de febrero de 2015

MACROBIÓTICA Y NATUROPATÍA PARA LA MENOPAUSIA


Menopausia es el nombre que recibe el cese de las menstruaciones; la palabra deriva del griego men (mes, menstruo) y pausis (pausa). Muchas mujeres llaman también «el cambio de vida» a este proceso natural. Los años que rodean la menopausia, en los que se producen los cambios graduales en la función ovárica, constituyen una fase de la vida de la mujer llamada «climaterio», que dura entre seis y trece años.
Cada mujer debe escuchar atentamente a su guía interior individual para oír su verdad personal sobre cómo organizar esta fase con el máximo acceso a su sabiduría interior y su poder para crear salud.


Muchas mujeres buscan la paz mental en medio de la confusión y los cambios, mientras ponen fin a matrimonios de veinte años, tienen aventuras amorosas, son abandonadas por su pareja, se enfrentan al «síndrome del nido vacío» y exploran nuevas facetas de su identidad.
En cualquier momento entre los 49 y los 55 años los cambios hormonales de la mujer van a estar en plena actividad, y ella va a necesitar apoyo para afrontarlos. Después, en la mayoría de las mujeres se restablece el equilibrio hormonal y suelen estar más libres que nunca para dedicarse a sus intereses creativos y sus actividades sociales. Estos son los años en que se unen todas las experiencias vitales de la mujer y se pueden aprovechar para una finalidad que le vaya bien a ella y al mismo tiempo sirva a los demás.
Las mujeres de esta edad estamos en un momento decisivo: podemos o bien seguir viviendo con relaciones, trabajos y situaciones que nos han quedado pequeños, elección que apresura drásticamente el proceso de envejecimiento y la posibilidad de enfermar, o podemos hacer el trabajo de desarrollo que nos piden nuestro cuerpo y nuestros niveles hormonales. Cuando nos atrevemos a hacer esto, nos preparamos de verdad para la primavera de la segunda mitad de nuestra vida.
La transición menopáusica es un periodo excelente para concentrarse en la prevención de problemas que, si bien no están necesariamente asociados con la menopausia, al parecer se intensifican en esta fase.
Lo que experimenta la mujer durante este periodo de su vida depende de muchísimos factores, desde su herencia, sus expectativas y su bagaje cultural hasta su autoestima y su alimentación.

Los síntomas de la menopausia
El hecho de que la mujer sufra o no durante la menopausia está conectado con su pasado cultural, su historial familiar y sus expectativas. Creer que se van a tener problemas durante la menopausia puede conducir a tenerlos.
Es notable que nuestro sistema médico no haya realizado ninguna prueba prospectiva controlada sobre la experiencia menopáusica de mujeres sanas que hacen ejercicio con regularidad, siguen una dieta adecuada, no fuman y llevan un estilo de vida en general sano. Nuestro enfoque cultural está en la menopausia como problema. Sin embargo, sí se han estudiado algunas culturas en las que la menopausia no se considera un problema. Por ejemplo, la antropóloga Ann Wright estudió los síntomas menopáusicos en mujeres navajas, tanto tradicionales como de cultura occidental asimilada; descubrió que las navajas tradicionales sufren de muy pocos síntomas y que su posición económica y social está claramente relacionada con su experiencia de síntomas. Este estudio sugiere que los síntomas menopáusicos están causados por un estrés psíquico, no físic En un estudio de mujeres kung del sur de África se comprobó que la categoría social de la mujer se eleva después de la menopausia; además, en el idioma kung ni siquiera existe una palabra que signifique «sofoco». Esto apunta a la posibilidad de que las mujeres kung o bien no experimentan este síntoma o lo experimentan de modo distinto a las mujeres occidentales y no lo consideran bajo una luz negativa.  En cambio, entre el 80 y el 90 por ciento de las mujeres de nuestra cultura experimentan sofocos, y un número considerable tienen sequedad vaginal y pérdida del deseo sexual.
Esto precisa práctica, pero si aprendes fielmente a pensar con el corazón de tres a cinco veces al día, con el tiempo tú también vas a ser capaz de recargar tus baterías sólo con los pensamientos y percepciones.

HACER UNA LISTA DE LAS ACTIVIDADES Y COMPROMISOS MÁS IMPORTANTES. Olvida todo lo demás. Antes de decir sí a una nueva tarea o compromiso, hazte esta pregunta: Hacer esto, ¿me va a cargar las baterías o me las va a agotar? Si la actividad te las va a agotar, no la lleves a cabo.
DORMIR LO SUFICIENTE. Acuéstate a las diez de la noche. Irse a dormir antes de la medianoche es mucho más restablecedor para las glándulas suprarrenales que un sueño que comienza tarde, aunque se duerma hasta tarde a la mañana siguiente para tener toda la cantidad de sueño necesario.
DARSE PERMISO PARA ACEPTAR CUIDADOS Y AFECTO. Si no aprendiste a hacer esto cuando eras niña, tal vez te haga falta practicarlo. Concéntrate en actividades y personas que sean alegres y te hagan reír. Esto estimula el funcionamiento sano del sistema inmunitario.
RESPALDARSE CON UNA BUENA NUTRICIÓN. Haz una dieta de alimentos integrales sin azúcar. Evita cuanto la cafeína y la comida procesada. No olvides comer suficientes proteínas, un poco en cada comida y tentempié. Evita los programas de ayuno y limpieza, que te pueden debilitar más aún. Pon atención al consumo de vitaminas y minerales. Es posible que el suplemento de vitaminas y minerales que tomas regularmente contenga todos los nutrientes que he mencionado. Simplemente añade más de lo que escasea en tu suplemento actual.
La raíz de regaliz contiene hormonas vegetales que tienen efectos similares al cortisol. En caso de tener niveles muy bajos de cortisol, toma hasta ¼ cucharadita de un extracto sólido al 5:1 tres veces al día.

EJERCICIO
Hacer ejercicios entre leves y moderados es muy útil. Pero si después te sientes agotada, quiere decir que haces demasiado. Sobrepasar los límites en el ejercicio debilita aún más las glándulas suprarrenales, de modo que hay que comenzar por poco, aunque sólo sea hacer un recorrido de ida y vuelta por la calle donde vives, y después ir aumentando lentamente.

Sofocos
Los sofocos, también llamados «calores vasomotores», se caracterizan por una sensación de calor y sudor, sobre todo en la cabeza y el cuello; los sufren entre un 50 y un 85 por ciento de las mujeres en algún periodo de los años del climaterio. La mayoría de las mujeres sólo experimentan una ocasional sensación de calor y una ligera sudoración, pero para un 10 a un 15 por ciento son verdaderas oleadas de calor y sudor que interrumpen sus actividades diarias y pueden producirles perturbaciones del sueño y la subsiguiente depresión. Los sofocos suelen acabar al cabo de un año más o menos, pero algunas mujeres los siguen teniendo, desde 10 a 40 años más.  Se desconoce la verdadera causa de los sofocos, aunque se cree que están relacionados con cambios en los neurotransmisores que no están bien comprendidos. Es posible también experimentar sofocos durante la adolescencia y los años reproductivos, después de tener un bebé y antes de la menstruación, por motivos diferentes a la insuficiencia de estrógeno. Se ha comprobado también que los sofocos aumentan cuando la mujer está nerviosa o angustiada.
Se ha comprobado que la proteína de la soja, 50 g diarios (el equivalente a una porción normal de tofu), disminuye la intensidad de los sofocos. La soja y sus derivados contienen fitoestrógenos e isoflavones, los cuales, según se ha demostrado, disminuyen los síntomas menopáusicos y regulan los niveles de estrógeno. Entre los alimentos que contienen abundante cantidad de fitoestrógenos están los anacardos, los cacahuetes, la avena, el maíz, el trigo, las manzanas y las almendras. Al parecer los fitoestrógenos inhiben los efectos de la excesiva estimulación del estrógeno en las mamas y el útero, y por lo tanto es posible que tengan una acción protectora. La genisteína, presente en los productos de la soja, también parece prometer una reducción del riesgo de cáncer.
Ten presente que no todos los sofocos se deben a una disminución del estrógeno. También pueden causarlos el hipertiroidismo, el consumo de alcohol y la diabetes no controlada.

MEDICINA ENERGÉTICA
La meditación y la relajación pueden ir bien para aliviar los sofocos. Muchas mujeres han probado con éxito la respuesta de relajación para reducir los sofocos hasta un 90 por ciento.

Sequedad, irritación y adelgazamiento de la vagina
El adelgazamiento del tejido vaginal durante la menopausia está relacionado con la disminución de los niveles de estrógeno. El tejido vaginal está formado por muchas capas de células; cuando la mucosa vaginal está bien provista de estrógeno, se la llama «epitelio cornificado»; «cornificado» significa que las células son duras y resistentes. Después de la menopausia, algunas mujeres pierden las capas externas cornificadas del tejido vaginal, lo que puede ser causa de sequedad e irritación vaginales. Estas dolencias son muy individuales y subjetivas; una mujer a la que se le ha diagnosticado una vaginitis atrófica podría no tener ningún síntoma. En algunas mujeres, el adelgazamiento y la irritación del revestimiento de la vagina van acompañados por un aumento de la alcalinidad; este elevado PH a veces tiene por consecuencia una vaginitis bacteriana.
El adelgazamiento de la mucosa vaginal y del tejido uretral va también acompañado a veces por frecuencia urinaria y síntomas de infección de las vías urinarias. 

Los sofocos, pero también la sequedad de la piel, de los ojos, vaginal, incluso la irritabilidad  son síntomas de calor interno. Para prevenirlos y mejorarlos, la alimentación juega un rol fundamental. Debemos comer y beber alimentos que nos aporten fluidos, nos hidraten, lubriquen y refresquen internamente (verduras, aceites, cereales integrales, legumbres, frutas...), y evitar aquellos que nos calientan y resecan (picantes, alcohol, carnes...).

HIERBAS. El Remifemin (cimifuga) actúa de forma similar al estriol para producir un engrosamiento de la mucosa vaginal. También se han usado con éxito hierbas como las hojas de diente de león y la paja de avena para restablecer la lubricación vaginal. Estas hierbas se han de tomar por vía oral.
Osteoporosis
La Osteoporosis posmenopáusica es actualmente una de las enfermedades más comunes y discapacitadoras entre las mujeres norteamericanas. Los estudios han demostrado que durante el climaterio las mujeres pierden entre un 2 y un 5 por ciento de masa ósea al año, en un periodo de 5 años. Sin embargo, el 50 por ciento de masa ósea que pierde la mujer durante toda su vida la pierde antes de que comience la menopausia. Según las estadísticas, de un 6 a un 18 por ciento de las mujeres de edades comprendidas entre los 25 y los 34 años tienen una densidad ósea anormalmente baja. Está claro que la pérdida progresiva de masa ósea en las mujeres se debe a factores más complejos que la sola insuficiencia de estrógeno o calcio. Las mujeres han de comprender que tomar calcio es sólo una parte de la formación de huesos fuertes; son importantes también el magnesio, el boro, la vitamina D, la vita-mina C y los oligoelementos. También son importantes el ejercicio y la reducción del estrés. Y si bien los productos lácteos se anuncian como la panacea para prevenir la Osteoporosis, es totalmente posible crearse y mantener huesos sanos sin tomar productos lácteos. Es recomendable que cualquier mujer que fume, tenga un historial de consumo excesivo de alcohol o su madre haya sufrido de Osteoporosis grave, se haga una densitometría ósea (medición de la densidad de la masa ósea). Otros factores de riesgo son: la falta de ejercicio; una dieta rica en hidratos de carbono refinados (el azúcar es un veneno para los huesos); insuficiencia de calcio, magnesio, boro, oligoelementos y vitamina D, y no haber tenido nunca un hijo.
También se ha comprobado que la depresión es un factor de riesgo importante de Osteoporosis. Es muy probable que esto se deba a los elevados niveles de cortisol que acompañan a este trastorno.
Un historial de perturbaciones ovulatorias y la consiguiente insuficiencia de progesterona pueden predisponer a la Osteoporosis. Las mujeres que tienen un historial de amenorrea debida a un bajo porcentaje de grasa corporal, como les suele ocurrir a las atletas y bailarinas, se encuentran en un riesgo de Osteoporosis mayor que la población general.
EJERCICIO. Dos sesiones de 40 minutos a la semana de ejercicios como caminar, ir en bicicleta o entrenarse con pesas contribuirán a aumentar la densidad ósea.

REDUCIR EL CONSUMO DE FOSFATO. El consumo de fosfato inhibe directamente la absorción del calcio. Elimina los refrescos de cola y la cerveza sin alcohol, que contienen demasiado fosfato.

LIMITAR LA CAFEÍNA. La cafeína aumenta la velocidad de pérdida de calcio por la orina.
VITAMINA D. Toma 350 UI diarias.44 Ten presente que un baño de sol de 15-30 minutos, sin crema antisolar, aporta de 300 a 350 unidades de vitamina D, pero la mayoría de la gente no sale al aire libre lo suficiente, y cuando lo hacen exponen muy poca piel al sol.

BETACAROTENO. El betacaroteno se convierte en vitamina A en el cuerpo. La vitamina A favorece un sano epitelio intestinal, que es importante para la óptima asimilación de las substancias nutritivas, y también fortalece las articulaciones. Se encuentra en abundancia en las hortalizas de color amarillo y naranja, como la calabaza y las zanahorias, y también en las verduras de hoja verde oscuro.

VITAMINA C. Este nutriente interviene en la síntesis y la reparación del colágeno.
MAGNESIO. El magnesio ha de tomarse en forma de citrato o malato, en una dosis de 300 a 800 mg diarios, según sea la calidad de la dieta.48 El magnesio es un componente del hueso y es esencial para varias reaccio-nes bioquímicas importantísimas en la formación de los huesos. Un análisis más exacto es el del nivel de magnesio en los glóbulos rojos, que suele ser bajo en los casos de depresión y agotamiento. El consumo excesivo de alimentos procesados suele ser el culpable de la insuficiencia de magne-sio. Este nutriente se encuentra en las verduras de cultivo biológico u orgánico, los cereales integrales y las algas.

MANGANESO. Este nutriente debería tomarse en forma de picolinato de magnesio. La dosis recomendada es de 15 mg al día.
CALCIO. Deberá tomarse una dosis de 1.000 a 1.500 mg diarios en forma de aspartato, citrato o lactato. Se puede tomar menos si los alimentos contienen cantidades abundantes.
BORO. El boro es un oligoelemento que se encuentra en las frutas, los frutos secos y las verduras. Se ha descubierto que reduce la pérdida de calcio por la orina y aumenta los niveles del estradiol beta 17 (el estrógeno biológicamente más activo) en la sangre, dos efectos que contribuyen a la salud de los huesos. La dosis mínima de boro que se necesita al día (2 mg) se satisface fácilmente con una dieta diaria rica en frutas, frutos secos y verduras; en suplemento se pueden tomar hasta 12 mg diario.

FUENTE: "Cuerpo de mujer, sabiduría de mujer" de Christiane Northrup. 


lunes, 9 de febrero de 2015

Científicos detectan células de los hijos viviendo en el cerebro de sus madres

Imagen: Carl Warner


Células de sus hijos viven durante años en el cerebro de las madres. La conexión entre madre e hijo es mucho más profunda de lo que pensamos; realmente el ser humano es un organismo plural, constelado por sus ancestros a nivel celular

Sabemos que células migran entre la madre y  el feto a través de la placenta, incorporándose a distintos órganos. Pero el nivel y la duración de esta migración no fue reconocida hasta poco tiempo, luego de que científicos empezaron a descubrir células masculinas viviendo en mujeres años después del embarazo.
Este fenómeno se conoce como microquimerismo. Un estudio examinó los cerebros de mujeres que habían muerto, descubriendo que el 60% de los cerebros contenía células masculinas. El microquimerismo es el resultado del intercambio celular a través de la placenta, pero recientemente se descubrió que esto también ocurre a través del cuidado maternal propio del amamantamiento e incluso se ha observado que los gemelos también intercambian células en el útero. Científicos consideran la posibilidad de que células de un hijo anterior puedan pasarse a otro hijo más joven a través de la placenta en su posterior gestación. Las mujeres pueden mantener células microquiméricas de su madre así como de sus embarazos y si tiene evidencia de que existe competencia entre las células de la abuela y de los hijos en la madre.
No se sabe del todo cual es la función de estas células pero se cree que pueden participar en la restuaración del tejido de manera similar a las células madre y se cree también pueden tener un papel en el sistema inmune. Se ha encontrado una mayor cantidad de células microquiméricas en la sangre de las mujeres sanas en comparación con mujeres que tiene cáncer de mama.
El mundo de las células microquiméricas prueba una vez más que el ser humano es esencialmente plural, es una colonia de seres, no sólo conectados a través de lazos emocionales sino también sociobiológicos. El individuo no existe: estamos hechos de muchos. La conexión entre la madre y el hijo es más profunda de lo que se imagina.
Con información de Scientific America
Fuente: http://www.mamanatural.com.mx/


martes, 3 de febrero de 2015

COMER SIN SUFRIR



“Tengo una terrible angustia que me lleva a comer de forma compulsiva. Me siento nerviosa, estoy frustrada en mi trabajo, llego a casa y todo son problemas: los niños y sus deberes, mi marido llega tarde porque está hasta arriba, no consigo seguir una dieta y estar motivada para perder peso, y me siento culpable cada vez que me salto el régimen. La ansiedad la calmo atracando el frigorífico. Pico sin ganas y me acabo las sobras de los niños de la cena. Me encantaría poder comer en paz, disfrutar de la comida en lugar de engullirla y saber parar cuando no tengo apetito. Quiero perder peso, pero estoy metida en un bucle que no me deja vivir”.
Comer de forma compulsiva puede ser un comportamiento sustitutivo. No siempre se realiza por el propio placer de comer, sino que se lleva a cabo para enmascarar emociones como la frustración, la rabia, la tristeza o la ansiedad provocadas por el estilo de vida, las circunstancias de cada uno o la forma de interpretar el entorno que está viviendo.
Comer puede ser, además de una conducta vital para la supervivencia, un placer. No solo el acto en sí, sino toda la parafernalia que conlleva: el arte de cocinar, compartir una velada con alguien, la sobremesa y sus temas de debate. Pero también puede convertirse en el enemigo; la nevera, el rival al que hay que derrotar; un cálculo matemático contando calorías, el desencadenante del sentimiento de culpabilidad por tomar lo prohibido y una verdadera lucha contra usted mismo.

¿Por qué la ansiedad o la tristeza llevan a comer alimentos calóricos, ricos en grasas e hidratos de carbono? Son muchos los estudios que demuestran que alimentos como el chocolate reducen el hambre, elevan el estado de ánimo y provocan un aumento de la activación. El consumo de carbohidratos lleva a estados de bienestar y tranquilidad, y el azúcar influye en la liberación de serotonina y de endorfinas. Pero no es oro todo lo que reluce, porque un artículo de la British Journal of Clinical Psychology afirmó que aunque el chocolate proporciona placer, este es de corta duración y va acompañado de sentimientos de culpa para aquellos que consideran que no lo deben tomar.
Serotonina y endorfinas desempeñan un papel fundamental en la regulación del bienestar. Las personas a las que su trabajo no les llena, que se sienten solas, que se atan a dietas imposibles de seguir o que viven otras situaciones frustrantes terminan por buscar consuelo en la comida en lugar de soluciones al problema de origen. Ahogar las penas abriendo la puerta de la nevera, mantener una lucha interna entre “quiero comerlo, pero no debo”, solo le lleva a parchear las emociones. Si realmente fuera eficaz, recuperaría su sonrisa y su tranquilidad. Pero lo cierto es que al rato se vuelve a estar tan triste y ansioso como antes de comer lo que no era una elección, sino un impulso por saciar su ansiedad.


La relación entre emociones y alimentación es bidireccional. Lo que se ingiere provoca cambios en la conducta: la cafeína del café excita y despierta, el azúcar y la glucosa dan energía y el consumo de alcohol desinhibe. Los estados de humor afectan también a los hábitos de alimentación. Una vida equilibrada favorece conductas saludables. Si alguien practica deporte, descansa de forma apropiada, disfruta con su trabajo, aprovecha su tiempo libre, dispone de tiempo para comer de forma pausada y cocinar sano, tenderá a alimentarse mejor. Una persona que se esfuerza por hacer ejercicio también se esforzará eligiendo alimentos saludables.

Otra de las variables que llevan a angustiarse con la comida es la necesidad absurda de responder a un canon de belleza que se relaciona con lo perfecto. Perder peso de forma sana, como aconsejan los nutricionistas y dietistas, es más de sentido común que de experimentos privativos que luego generan un efecto rebote y modifican su humor.

Vivir en paz para comer con tranquilidad. 
Si es de las personas angustiadas con las dietas y el peso y desea disfrutar de comer y hacerlo de forma relajada y con armonía, puede seguir los siguientes consejos:
Tenga paciencia y consiga un ritmo en el que todo fluya. Perder peso no es algo de hoy para mañana. Cuanto más exigente sea con su objetivo, mayor será la presión. Sea sensato, es mejor un objetivo a largo plazo, que le permita compaginar su vida con las relaciones personales y el trabajo.
No se trata de todo o nada. Lo que se quiere conseguir de forma inmediata puede generar un efecto rebote. No haga tonterías con la dieta. Consulte con un profesional que le aconseje. No hay milagros en la pérdida de peso.
No abuse del autocontrol. La investigación sobre la fuerza de voluntad y el autocontrol asegura que tener capacidad para decir no y decidir lo correcto es un factor de éxito. Pero si tensa la cuerda y no se permite de vez en cuando un margen de error, igual le llevará a un fracaso mayor.

Artículo escrito por Patricia Ramirez
Fuente: El País